Cuidar bien tus instrumentos musicales no es solo cosa de maniáticos o de músicos profesionales. Da igual si tocas en tu habitación, en un local de ensayo o en escenarios: un buen mantenimiento alarga la vida del instrumento, mejora el sonido y te ahorra pasta en reparaciones. Además, un instrumento bien cuidado responde mejor, afina antes y suena como debe sonar.
Todos hemos metido la pata alguna vez. La buena noticia es que la mayoría de estos errores tienen fácil solución si sabes dónde estás fallando.
Las guitarras, bajos, violines y muchos otros instrumentos están hechos de madera, y la madera no lleva nada bien los cambios bruscos de temperatura o la humedad. Dejar tu instrumento cerca de un radiador, en el maletero del coche o junto a una ventana puede provocar grietas, deformaciones o problemas de afinación.
Entre el sudor de las manos, el polvo del ambiente y la grasa natural de los dedos, tu instrumento se ensucia más de lo que crees. Esto no solo afecta al aspecto, también puede dañar componentes y empeorar el tacto al tocar.
Las cuerdas viejas suenan apagadas, desafinan más rápido y pueden llegar a romperse en el peor momento. Si notas que el sonido ya no tiene brillo o que afinar se vuelve una pesadilla, toca cambio.
Invertir en un buen afinador es básico, pero no te quedes ahí. Un soporte para el instrumento, un humidificador y un estuche decente son tus aliados clave. Además, llevar tu instrumento a un luthier (como yo) o técnico especializado al menos una vez al año puede evitar problemas mayores y mantenerlo como nuevo.
Cuidar tus instrumentos musicales no es complicado ni caro si lo haces con cabeza. Evitar estos errores comunes te permitirá disfrutar de un mejor sonido, tocar más cómodo y alargar la vida de tu instrumento durante muchos años. Tu instrumento te lo agradecerá… y tus oídos también.